Después de pasear por la Patagonia filmando Separado!, documental que estrenó en el BAFICI 2011, el cantante de los Super Furry Animals toca por primera vez en Buenos Aires para presentar Hotel Shampoo, su último trabajo solista.
-
Hay tipos a los cuales resulta muy difícil seguirles el rastro, ya sea porque sus discos no suelen llegar a las bateas locales o porque no paran de hacer cosas y hay que estar atentos a cada paso que dan. Gruff Rhys da el perfil. Este galés, que ya pasó los cuarenta años, viene haciendo música en su país natal con bandas como Emily (tocaba la batería) o Ffa Coffi Pawb, con quienes editó un disco cuando apenas tenía dieciocho años. Después armó Super Furry Animals y empezó a cantar en inglés. “Mientras crecía, escuchaba pop americano y también punk rock, pero siempre escuché la música tradicional galesa. Cantaba en galés porque es mi primera lengua, para mi es más personal. Pero estoy obsesionado con la cultura pop, así que uso el inglés”, cuenta un relajado Rhys desde su casa.
Así como se complica seguirle el paso, también es difícil encasillarlo musicalmente. Aparte de los Super Furry Animals, con quienes grabó una decena de discos, el hombre supo colaborar con muchos y diversos artistas como Gorillaz, Simian Mobile Disco, Mogwai, Danger Mouse y Boom Bip, con quien hizo un disco bajo el nombre de Neon Neon. En 2005 arrancó una carrera solista que cuenta ya con tres álbumes. Rhys: “Yo escribo canciones. A veces las toco de manera muy despojada, sólo con un instrumento. Cuando toco solo trato de hacer los temas lo más simple posible, grabo muy rápido y no me preocupo tanto por la producción. Con los Super Furry Animals nos tomamos más tiempo en el estudio”.
Entre tanto movimiento, el galés llega para tocar por primera vez en nuestro país, al menos de manera “oficial”. Quienes tuvieron la suerte de ver su película Separado! en el último BAFICI, sabrán que la Argentina no es un lugar nuevo para Gruff (pronúnciese “Griff”). El documental muestra su odisea por la Patagonia buscando a parte de su familia afincada en la zona, especialmente a su tío músico: René Griffiths. Lamentablemente, la visita no incluyó conciertos, a pesar del deseo de Rhys: “No pude arreglar para dar un concierto en Buenos Aires, así que me quedé comprando unos discos y después me fui para el sur”.
El próximo viernes, entonces, será el debut y presentación de su último disco: Hotel Shampoo. “Cuando viajo solo aprovecho para tocar los temas de mis discos, no me parece justo hacer las canciones de los Super Furry sin los otros chicos de la banda”. Un show que promete ser íntimo e imprevisible: “Voy a estar con mi guitarra, algunas máquinas, samplers y un tocadiscos. Me acompañará un soundman que va a mezclar las cosas en el momento. Solo nosotros dos. Nada está planeado de antemano, puedo cambiar el show sobre la marcha. Depende de lo que surja en el momento”.
Casi un par de décadas atrás, los productores Butch Vig, Duke Erikson y Steve Marker vieron un video de Angelfish en MTV y no lo dudaron ni un instante. Esa combinación de belleza oscura con voz desafiante era todo lo que necesitaban para su nueva banda. La figura de la escocesa Shirley Manson completaría el cuarteto que, con sus dos primeros discos (Garbage, de 1994, y Version 2.0, de 1998) dejaría una huella en lo noventas con su pop escéptico y distorsionado. La historia de la banda continuó con dos discos menos efectivos (Beatiful Garbage, 2001 y Bleed Like Me, 2005) y una saturación de las obligaciones contractuales de la industria que los llevó a tomarse un descanso. Siete años después, el grupo volvió recargado y editó Not Your Kind of People, un disco que los devolvió a su mejor forma y los hizo girar por todo el mundo. De todo esto y más habló su cantante antes del primer aterrizaje del grupo en Argentina.
-
¿Qué diferencia hay entre el disco nuevo y el primero de Garbage?
Siento que hicimos un gran álbum y la emoción que sentimos a nuestro alrededor es similar a la que pasaba cuando sacamos los dos primeros. Hicimos un clásico disco de la banda, suena a Garbage y parece captar al público de la misma manera que lo hacíamos antes. Estoy muy agradecida de que tengamos la oportunidad de tocar, hacer conciertos y que la gente venga. Es como el gran amor de mi vida y el mayor privilegio que tengo.
Pasaron muchos años desde que debutaron y muchas cosas cambiaron, empezando por internet y la gran cantidad de bandas que salen a la luz. ¿Cómo ves a Garbage en el contexto actual?
No lo tengo muy claro, no puedo ser muy objetiva con respecto a la cultura y el contexto en el cual existo. Lo que si creo es que no sonamos parecido a nadie y no hacemos las cosas como todos los demás, tenemos una forma única de manejarnos. En la excitación actual, donde hay infinitas cosas para elegir, poder seguir forjando nuestros propios seguidores y tener nuestra propia carrera es un gran honor, algo muy difícil de conseguir en un mundo donde hay –literalmente– millones de bandas.
Con la industria de la música tuviste una relación muy particular a lo largo de tu carrera, desde los tiempos de Angelfish y los problemas con tu disco solista. ¿Cómo está esa relación ahora? ¿Te arrepentís de algo?
Por supuesto que aprendí de mi pasado, sería una tonta si no lo hubiese hecho. Por suerte cuando crecés vas aprendiendo como navegar tu vida. Seguro que hay cosas que hice de joven que no volvería a hacer ahora. Pero siento que las razones por las cuales ahora tenemos una carrera sana es porque supimos ocuparnos de nuestros asuntos y mantener el contacto con nuestros seguidores, fuimos consistentes haciéndolo. Es complicado mantener una carrera en la música y el hecho de haberlo logrado a lo largo de cinco discos es el testamento de nuestra herencia, de nuestro empeño y de nuestra ética trabajando.
¿Es verdad que quisiste dejar la música?
Para ser honesta, no creo haber dicho eso alguna vez. Tal vez fui sacada de contexto o mal interpretada. Nos tomamos un tiempo de descanso –siete años– porque nos estaban “desnudando” de nuestra alegría de ser músicos, nos quedamos muy frustrados y tristes. Nuestra compañía discográfica tendía a focalizarse solo en los números y el dinero, dejando de lado todo lo hermoso que tiene formar parte de una banda. Eso nunca fue nuestra motivación inicial por la cual armamos un grupo. ¡Yo no me uní a una banda para hacer plata y estar en los charts! Yo quería hacer música y divertirme. Cuando esa diversión paró, dijimos “¿sabés qué? necesitamos ir a casa, pensar de nuevo y ver de qué manera queremos seguir adelante como banda, así podemos continuar haciendo lo que amamos; a la mierda todo lo demás”. Es lo más inteligente que hicimos y no me arrepiento. Tuvimos lo mejor de nuestras vidas saliendo de gira y tocando; me encanta ver nuevamente a los chicos de la banda sonreír y divertirse, como pasaba antes de que todo se tornara complicado.
¿Qué pasó con tu disco solista? Llegaste a mostrar algunas canciones en internet.
Lo di por terminado, después de frustrarme una y otra vez por las mismas razones. Tenía un montón de canciones y se las llevé al sello. Como no venían con la garantía de ser hits instantáneos, nunca estuvieron interesados en grabarlos y lanzarlos como se debe. Me presionaban para hacer un tipo de música que yo no quería. Paré todo y me fui a trabajar un año en la televisión. Si no puedo hacer música a mi manera, prefiero no hacerla. No voy a someterme a presiones de ningún tipo e inmolarme haciendo canciones en las que no creo. No estoy interesada en eso.
Alguna vez citaste como grandes influencias a Siouxsie, Patti Smith y Chrissie Hynde. ¿Qué cantantes femeninas actuales te gustan?
Me encanta Karen O de los Yeah Yeah Yeahs, creo que es una artista increíble. También me gusta Marissa Paternoster de Screaming Females. Lo mismo con Rhianna y Beyoncé, pero las chicas oscuras como Fiona Apple me atraen más, mujeres que tienen una visión alternativa. Yo veo a Rhianna y Beyoncé como unas cheerleaders, muy lindas y físicamente perfectas. Son muy populares, tienen una gran voz y apelan al mainstream; yo eso lo valoro y lo admiro, pero me gusta más escuchar de las chicas imperfectas, las que no son siempre felices y no están todo el tiempo tratando de entretener a las masas. Quiero a las indisciplinadas con el mainstream, quiero escuchar lo que tienen para decir y no son tan fácilmente digeribles. Hoy en día la música pop es muy simple y las melodías simples son las que suenan en la radio. Todo aquello que sea desafiante o complejo nunca llega a ese punto. Me enoja, porque creo que hay mucho más para escuchar, que puede durar mucho más. Pero es así, es la moda del día… No quieren escuchar nada de las mujeres complicadas, solo buscan a alguien que los haga sentir bien. Lo entiendo, pero me parece aburrido.
¿Qué sabés de Argentina? ¿Alguna vez estuviste por acá?
Nooo, nunca en mi vida estuve en Sudamérica. La idea de ir a Argentina es muy emocionante para mi. Se que te voy a aburrir, porque sos argentino y esta es una historia tonta. Cuando era chica, en el colegio, cantamos “Don’t Cry For Me Argentina” y aprendimos acerca de Eva Perón. Desde ahí que tengo el deseo de conocer Argentina, pero nuestros sellos discográficos nunca quisieron que vayamos más allá de Norteamérica. Cuando crecí en el Reino Unido estaba la guerra por Malvinas… Hay un montón de cosas que escuché y aprendí sobre Argentina a lo largo de los años. Siempre quise ir y conocer el país por mi cuenta. No suelo prestar mucha atención a las cosas si no fueron parte de mi experiencia.
¿Cómo es hoy un show de Garbage?
Estamos con mucha confianza. Cuando empezamos estábamos muy inseguros y teníamos mucha presión en nuestros hombros. Nos miraban mal por ser una de las primeras bandas en usar tecnología moderna en un escenario. Salíamos a tocar muy nerviosos. Hoy vemos que nuestra forma de tocar es usada por un montón de bandas (risas) Ahora sabemos que podemos dar un gran show. Eso crea una buena química entre la banda y el público. Todo lo que la gente quiere es que vos te sientas bien, y si nosotros estamos bien, la gente la va a pasar genial. Eso es mágico. Vamos a tocar temas de todos nuestros discos, creo que nuestros fans van a estar felices.
(Foto Lucila Heimberg) Hubo un tiempo en el que las formas de llegar a la información dependían, en mayor o menor medida, de las distintas de fuentes que se tenía al alcance. Una revista, la radio, o tal vez un amigo/familiar actualizado como un eslabón en una larga cadena de recomendaciones transmitidas de una generación a otra. El camino era en parte azaroso y estaba supeditado a la gente que se tenía alrededor. Hoy, la llegada de la cultura incluye todas esas rutas pero la construcción del propio mundo privado goza de mayor libertad gracias a una disponibilidad (casi) absoluta de los datos y su único motor de empuje es la inquietud personal. En todo caso, la habilidad consiste en saber discernir y elegir con qué árboles se construye el propio bosque.
Dentro de ese paisaje, la accesibilidad y las múltiples opciones que ofrece internet están modificando el papel de los intermediarios y –sobretodo- su influencia. El mundo de la música es uno de los ámbitos donde esto se hace cada vez más evidente. La razón de ser de una compañía discográfica es cuestionada día a día y los grupos (o músicos), en esa construcción del propio camino, no la ven como primera opción a la hora de dar a conocer sus canciones. La imagen tradicional de la banda esperando su oportunidad pateando la calle con un demo en la mochila ya no es moneda tan corriente y las ataduras contractuales no parecen ser la mejor alternativa frente a la gratuidad y la llegada de internet.
La vida 2.0 –término amplio si los hay- ya está cuestionando el imaginario de banda tal como la conocíamos. Plataformas como myspace (casi en desuso), soundcloud, spotify o bandcamp –entre otras-, más el envión de las redes sociales, suplen la burocracia y queman etapas en la relación emisor – receptor. Algunos músicos no se quedan de brazos cruzados y deciden saltear pasos como la situación colectiva del ensayo, el estudio como único lugar factible para grabar y la necesidad del disco físico entregado en mano (ya sea en una disquería o en un recital) para llegar al público. Aislados en su habitación, por decisión propia o timidez, algunos hacen lo suyo con los pocos elementos que tienen a mano y lo ofrecen en la web. La etiqueta consensuada ya existe: el “bedroom pop”. Esta tendencia, que no es novedad, está en claro aumento y tiene sus adeptos en Argentina. Dentro de la inmensa variedad de estilos, los artistas se escudan en un nombre de banda (algunas costumbres no se pierden) o se animan a usar el apellido que figura en su documento para firmar los temas que realizan en la soledad de su cuarto.
Paula García es una de ellos. Nacida en Resistencia, Chaco, esta chica flaca y tímida respira música a través del mote de Sobrenadar. Instalada en Buenos Aires, pasó su infancia en tierras donde el denominador común eran el folklore y el rock pesado. En esa época aun no se vislumbraba ni una brisa del clima melancólico que sobrevuela su pop de habitación. “Escuchaba lo que escuchaban mis viejos. Los Beatles o Luis Eduardo Aute. Recién cuando me mudé a Buenos Aires empecé a conocer música nueva, como Daniel Melero o Juana Molina, con la que me sentía mucho más identificada”, confiesa.
Hace unos años, vino a Buenos Aires para estudiar Imagen y Sonido en la UBA pero terminó llegando a la EMBA (Escuela de Música de Buenos Aires), y los senderos se empezaron a bifurcar. De aquella chica que soportaba el sol chaqueño metida en la pileta con los auriculares escuchando The Verve pasó a llamarse Sobrenadar. “Pensé en palabras que puedan ir bien, que describan más o menos la música, pero no sé cómo apareció ese nombre. De lo que estaba segura era de que no quería usar mi nombre y apellido”. Para sumergirse en su música y volver a la superficie nunca necesitó del apoyo de una banda que la acompañe ni la demore en su proceso creativo: “Siempre hice las cosas sola. Me resultaba muy fácil no tener que consultarle nada a nadie sobre lo que estaba haciendo. La idea de ir a un estudio me intimida bastante. Las veces que tuve que ir a grabar, me sentí muy inhibida por la mirada de los otros. En casa estoy relajada”. El salto desde las clases de guitarra, cuando tenía diez años, a la dirección de su propia orquesta solo necesitó de un elemento: la computadora. Fue Javier Medialdea, compañero de estudios y ladero en sus presentaciones en vivo, quien le instaló los programas para grabar su propia música. Ahí empezó todo.
Como todo aquel que es dueño de su propio tiempo, su rutina solo parece estar determinada por la aparición de una idea para una canción. Paula: “Arranco con la guitarra haciendo cosas que después tal vez ni siquiera grabo. Eso lo paso a un sintetizador para sacar los acordes, programo alguna base y sigo. Solo anoto algo cuando necesito ordenarme. No pienso mucho en lo que hago, me dejo llevar y que salga. Si son las 5 de la mañana grabo con el celular antes que levantarme y prender la computadora, pero ya casi no lo hago”. Hace poco empezó un trabajo; desde su casa y vía internet, por supuesto. “Me mandan pistas de temas (desde Don Omar hasta Pink) y tengo que grabar todo otra vez, sin la voz. Después lo venden en iTunes o lo usan en karaokes. Es algo que me sirve como entrenamiento”, cuenta con su voz delicada. Su historia musical incluye algunos EPs y dos discos, todos disponibles para la descarga virtual gratuita. El último, 1859, es de este año y ya recorrió la web por distintos blogs y medios especializados y lo está presentando en distintos escenarios porteños. Sin mucho plan ni estrategia comercial, la cosa pareció seguir lo que dictaba la corriente del momento. “Fue de un día para el otro. Agarré unos cuántos temas que tenía, elegí una foto que había sacado y lo subí así, para compartirlo”.
De la quietud y la comodidad de su habitación en el centro de la ciudad al escenario estaba ese umbral que algún día había que franquear para vencer la timidez. Paula recuerda aquel debut: “Estaba en Chaco, en un evento de bikers y skaters que se hacía en una plaza, lo organizaba un amigo. Mientras tocaba veía como todos saltaban y hacían piruetas. Terminé de hacer la primera canción y estaban todos callados, nadie decía ni una palabra, tampoco aplaudieron. No sabía que hacer, me sentí bastante mal. No sé todavía como seguí tocando después de eso”. Esa voz susurrante que comparte el protagonismo con el resto de los instrumentos tuvo su prueba de fuego ante el público, y salió airosa. Lejos de amedrentarla, a Paula le importa la opinión de los demás de cara al futuro. “Estoy tratando de hacer un ritmo más acelerado y quiero levantar un poco la voz, a ver qué sale. A veces me da la impresión de que hay temas que a la gente la pone triste cuando las estoy tocando. A Javier le pedí por favor que no toquemos más un tema por eso. Nadie me dijo nada pero cuando la estoy haciendo miro al público y veo a todos un poco caídos. Tal vez es una idea mía, por eso quiero hacer temas que no sean tan melancólicos”.>> sobrenadar.comAsí salió en papel:
Publicada en el Suplemento Radar de Página/12 el 23 de septiembre de 2012
-
Los chicos sólo quieren divertirse
Nativos de ese semillero que es Adrogué y sus alrededores, Los Reyes del Falsete son una banda que nació casi por casualidad, sin un proyecto, sin más estrategia que tocar entre amigos y, en general, canciones acerca de amigos. Un primer disco en 2009, La fiesta de la forma, resultó de los lanzamientos más celebrados del indie conurbano sur. Y ahora, con Días nuestros, un segundo disco más versátil –el rock años ’60 combinado con electrónica, cumbia y folk psicodélico–, parecen afinar su premisa lúdica grabando canciones escritas en los orígenes de la banda, y con la ayuda de un nuevo amigo, Litto Nebbia.
“Contale al mundo / Que tenés amigos / Contale que lo amás.” Si tuviéramos que resumir en una canción la historia y la filosofía de Los Reyes del Falsete, “Contale al mundo” podría cumplir esa función. Un tema que tiene la misma edad que la banda, pero recién ahora deciden incluir en su segundo disco: Días nuestros. “Es tan parecido a nosotros, a lo que somos, que nos molesta un poco. Fue lo primero que se me ocurrió. Al principio nos parecía un tema demasiado pelotudo, no tenía ningún sentido”, dice Nicolás Corley, un tercio de la banda de Adrogué. Casi de casualidad, así se fue desarrollando la historia de Los Reyes, trío que completan Tomás Corley –hermano de Nico– y Juan Martín Cianfagna.
Desde pequeños, en la casa de los Corley siempre se respiró música. Sus padres se conocieron en un coro y por los parlantes del hogar desfilaban desde música clásica hasta Los Beatles, Led Zeppelin y Yes. Para rastrear la génesis de Los Reyes del Falsete hay que remontarse a los almuerzos de los domingos de aquella infancia de conurbano en las primeras “sesiones” de grabación. En la casa de los abuelos había una computadora, la primera en la familia, que sólo les dejaba grabar treinta segundos, y a improvisar. Más de un lustro después, canciones que surgieron por pura diversión y ninguna ambición fueron rescatados del disco rígido de los recuerdos para ir a parar al disco que el trío acaba de editar.
Juan Martín Cianfagna (más conocido como Juanchy Manchy) apareció años después, en el colegio. En esa época los tres falsetes armaban y desarmaban bandas como juguetes, pero con la premisa siempre clara de divertirse y compartir un rato entre amigos, la música era una excusa. Tomás (Tifa Rex) y Juanchy armaron Impresora, los hermanos Corley estaban en Maravillagesell y Nico con Juanchy tenían la suya: Ménage à trois (alguna vez llamada Les Cosmonautes), que supo tocar covers con criterios diversos a la hora de elegir los temas. Esta última perdió un baterista en el camino y fue reemplazado por Tifa. “Nunca hubo un proyecto de banda. Un día nos dimos cuenta de que teníamos los suficientes temas como para salir a tocar en vivo”, explica Nico. Así fue cómo en la primavera de 2006 la formación actual de Los Reyes (dos guitarras y una batería) hizo su debut oficial en una Biblioteca de Adrogué, frente a un público de no más de quince personas, tocando canciones que recién ahora decidieron grabar. Lo que había empezado como un chiste se volvió algo serio: “Pensamos que era gracioso lo que hacíamos, pero a la gente no le causaba gracia. Ahí nos dimos cuenta de que podía llegar a ser algo serio (risas). Sigamos haciéndolo, no entendieron el chiste”.
La ausencia de un bajista tampoco fue algo premeditado, como casi todo en la historia de la banda. En un ensayo en la sala que la banda tiene pegada al consultorio de la psicóloga y madre de los Corley nació el nombre del grupo. “Queríamos que fuera un nombre más en joda”, recuerda Tifa. “Nuestro bajista de esa época estaba en contra de que la banda se llamara Los Reyes del Falsete. Decía que fomentaba la monarquía y que no había nada peor que la monarquía. Nos dijo que nunca íbamos a llegar a nada y se fue a la mierda.” Cantar en falsete, en cambio, fue una cuestión de practicidad. La falta de experiencia y estudios en la materia derivó en la comodidad de poder seguir las melodías con la voz. Lo mismo pasaba con las letras. Las andanzas de adolescentes y las anécdotas de barrio se fueron transformando en temas. “Empezamos a hacer música haciendo canciones sobre amigos. La banda se formó porque éramos amigos y empezamos a tocar. Tomábamos a uno de punto y le hacíamos una canción. Lo gastábamos”, cuenta Juanchy.
Si hablamos de amigos, hay que incluir a todo el abanico de grupos de Adrogué que en los últimos años cultivaron una comunión barrial que recorre distintos géneros musicales. La sala de ensayo que linda con el consultorio fue testigo de un sinnúmero de tocatas que, por lo general, se llevaban a cabo a altas horas de la madrugada e incluían a miembros de bandas como Victoria Mil, The Fujimoris, Travesti y Placer, por citar algunas. Otro lugar de encuentro de la zona fue (es) el Tío Bizarro, en Burzaco. Un lugar que funcionó como segunda escuela de vida para muchos grupos que compartieron fechas en su escenario. “El antro más amable”, según Tifa. “No cobran nada, la entrada es tuya. Un trato que no existe en otro lado con una banda, y encima están todos nuestros amigos. En cambio, vas a Capital y te sentís forreado.” El Turdera Fest, festival que reunía a muchas bandas del Conurbano y ahora cuenta con ediciones en la ciudad, también forma parte del álbum de fotos que Los Reyes llevan tatuados en su memoria. En esos eventos, que seguían hasta la salida del sol, empezaron a conocer a otras bandas, formando una comunidad muy especial de músicos y compañeros que les empaña los ojos tan sólo de mencionarla.
El viaje hasta el primer disco, La fiesta de la forma (2009), tuvo paradas en varias estaciones. Recién en 2008 empezaron a registrar las zapadas en varios EP puramente experimentales y donde puede apreciarse la esencia lúdica de la banda. Uno de flores y Disco duro son –cada uno– la resultante de una tarde de aburrimiento con camaradas en un fin de semana de invierno y fueron registrados en el living de la casa Corley. Bernardo Diman Menéndez, director de Triple RRR, fue quien los empujó a sacar el LP y primer lanzamiento del sello independiente.
Días nuestros llega tres años después y los muestra más versátiles que nunca. Con base en el rock sesentoso y toques de distorsión, LRDF se pasean por la electrónica, la cumbia y el folk psicodélico sin perder de vista la premisa original del trío de divertirse y hacer música con amigos. Junto a Francisco Viggiano, flamante rey del falsete en bajo, ya lo están presentando por todos lados transmitiendo su mensaje. Contale al mundo.
"Todos quieren una Argentina. Un lugar para volver a empezar. Pero la verdad es que Argentina es solo Argentina. No importa a donde vayamos, nos llevamos con nosotros todo el daño que hemos hecho. Así que es nuestro hogar el lugar al que huimos, o el lugar del que huimos. Solo para escondernos en lugares donde somos aceptados, incondicionalmente. Lugares en los que nos sentimos con en nuestro hogar. Porque finalmente nosotros solo podemos ser lo que somos".